RECONOCERÁ CALDERÓN EL GRAVE DETERIORO EN PROTECCIÓN A LOS DERECHOS HUMANOS
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on sábado, septiembre 01, 2012
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El día de hoy se cumplen dos
años de que trascendió públicamente el hallazgo de una fosa con los cuerpos de
decenas de migrantes en el municipio de San Fernando, en el fronterizo estado de
Tamaulipas.

Desgraciadamente la administración actual ha
tolerado un grave deterioro en la protección de los derechos humanos y ha hecho
caso omiso a las miles de víctimas de violaciones que se han atrevido a
denunciar los abusos y reclamar justicia.
El gobierno del Presidente Calderón puso en
marcha una política de seguridad pública para enfrentar militarmente a grupos
del crimen organizado, que agravó la violencia severamente en varias regiones
del país, sin contar con una estrategia o capacidades para frenarla y garantizar
la seguridad para las poblaciones afectadas.
Esta política se construyó sobre el despliegue
masivo y rutinario de las Fuerzas Armadas en tareas policiales, lo cual generó
un aumento escalofriante en las denuncias de violaciones de derechos humanos
cometidas por las fuerzas de seguridad, como detenciones arbitrarias, tortura,
ejecuciones extrajudiciales, y desapariciones forzadas.
“Con frecuencia el gobierno y las fuerzas de
seguridad han intentado minimizar el impacto de la violencia, acusando a las
víctimas de los abusos cometidos por el ejército y la policía de ser criminales.
Sin embargo, en su gran mayoría no eran criminales sino personas comunes que han
sufrido las consecuencias de la política de seguridad del gobierno mexicano,”
afirmó Alberto Herrera, Director Ejecutivo de Amnistía Internacional México.
En vez de asumir el liderazgo necesario para
combatir la impunidad por las violaciones de derechos humanos y garantizar
investigaciones imparciales y exhaustivas, el gobierno ha preferido usar los
mismos mecanismos deficientes de rendición de cuentas que han minimizado e
ignorado las violaciones de derechos humanos durante décadas. La jurisdicción
militar, las procuradurías generales de justicia, las investigaciones internas
de las instituciones imputadas y las comisiones estatales de derechos humanos
han dejado en el desamparo a las víctimas.
“Ante esta política de negación, no es
sorprendente que el gobierno no sea capaz de ver las alarmantes dimensiones de
los abusos, la desesperada situación de las víctimas ni de encontrar a los
responsables,” continuó Herrera.

La reciente adopción por Amnistía Internacional
de dos presos de consciencia, los indígenas defensores del derecho al agua, José
Ramón Aniceto Gómez y Pascual Agustín Cruz en el Estado de Puebla, es una
muestra más como el sistema de justicia continúa prestándose a la persecución
infundada de defensores de derechos humanos y personas indígenas.
Las y los defensores de derechos humanos y
periodistas han sido objeto de ataques, asesinatos, amenazas e intimidación en
represalia por su trabajo. Durante años el gobierno se resistió a establecer un
mecanismo eficaz de protección para estas personas en riesgo. Solo este año, con
el nuevo marco legal aprobado por el Congreso y promovido por la sociedad civil,
el gobierno ha tomado los primeros pasos para establecer un mecanismo de
protección. Aún así, todavía existen muchas dudas acerca sobre su eficacia,
sobre las investigaciones penales necesarias para esclarecer los ataques y
sobre el compromiso de la próxima administración a de dar continuidad al
mecanismo.
Un avance de esta administración debería haber
sido la reforma del sistema de justicia en 2008. Sin embargo, solo una minoría
de estados ha implementado los cambios, y ni siquiera en estos, parece haber
reforzado la protección de los derechos de las víctimas o los acusados. En la
práctica la reforma no ha contribuido hasta ahora a mejorar la certeza del
sistema de justicia, ni la confianza de la sociedad en estas instituciones. El
hecho de que la mayoría de los estados y la federación sigan sin introducir las
reformas, significa que continúan operando bajo un sistema que no garantiza la
justicia y tolera la impunidad.
La introducción del arraigo a la Constitución, un
mecanismo arbitrario y abusivo que debilita la justicia y no la refuerza, es tal
vez uno de los retrocesos más significativos impulsados por el gobierno en los
últimos años. Este retroceso se ha dado ignorando las recomendaciones de las
Naciones Unidas de abolirlo.
A pesar de estos aspectos negativos, Amnistía
Internacional reconoce avances muy importantes durante esta administración, en
particular, las reformas en materia de derechos humanos a la Constitución de
junio 2011 que implican finalmente asumir la obligación de cumplir con los
tratados internacionales de derechos humanos ratificados por México.

Este último paso, pendiente todavía de
convertirse en jurisprudencia obligatoria para los demás tribunales, se ha
logrado después de años de campaña por parte de familiares y organizaciones no
gubernamentales de derechos humanos en su lucha por la justicia, verdad y
reparaciones. En realidad, el gobierno se ha opuesto de forma constante a este
cambio. Solo gracias al esfuerzo de las víctimas y sus familiares se ha empezado
a desmantelar el muro de impunidad que protege a quienes violan los derechos
humanos.
“Un gobierno que ignora a la sociedad civil como
impulsora del cambio y que no atiende su sed de justicia, está destinado a
fracasar en el fortalecimiento del estado de derecho y la protección de derechos
humanos,” concluyó Herrera
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